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Humor negro

Humor negro: Buchenwald

En los últimos días se ha hablado mucho acerca de lo que es o no es humor negro. El tema ha generado opiniones diversas e intensas discusiones y por eso, he querido dejaros aquí, en mi blog personal, uno de mis microrrelatos como muestra de mis reflexiones sobre este asunto.

BUCHENWALD
Estaba sentado, creo más bien que acurrucado, junto a mis compañeros del barracón, cuando una voz recia exclamó: —¡A la ducha! —¿Con este frío?, objeté. Pero nadie coreó mi tímida protesta. “Yo no me ducho –me he repetido interiormente para darme confianza–. Me opondré con todas mis fuerzas”. Mis compañeros se han colocado ya en fila. —Ven aquí; no seas idiota. “¿Nos ducharán a todos juntos?”. He sido toda mi vida muy vergonzoso. Ni en el servicio militar lograron quitarme mi pudor, cuando nos veíamos obligados a ponernos todos juntos en corro, y en cuclillas, formando un círculo. Recuerdo que nos pasábamos así horas y horas, y que alguno, de repente, cesaba de hablar… Yo no podía. Hasta que venía el sargento. Mi mujer apagaba siempre la luz. Nunca me vio el rostro mi mujer en ese momento. —Qué tímido eres, cariño –me decía sonriente. Estos mismos pensamientos me asaltaron al verla muerta. Mi suegra musitaba una oración. —¡Basta! —dije. Mi suegra me miró con sus grandes ojos negros y prosiguió el rezo. Me han dado una pastilla de jabón y una toalla. Son amables. “¿Y si me guardara la pastilla?”. La fila se ha detenido. Un oficial grita: —¡Desnúdense! ¡Quítense todo lo que lleven encima! Nos miramos los unos a los otros… Uno, por fin, se decide y comienza a desabotonarse. Resto indeciso; pero al ver a algunos de mis compañeros completamente desnudos, me animo a hacer lo propio. Me quedo solamente en camiseta. Trato de estirarla para que me tape bien por abajo… La fila pasa ante un oficial y deja en una mesa el hatillo de ropa, que luego va a parar a un confuso y desordenado montón. Mientras llega mi turno, pienso en lo difícil que va a resultar luego recuperar el hatillo de ropa correspondiente… Estoy ya ante el oficial. —¡Tú! –barbota, pegándome en las nalgas con una vara–, ¡La camiseta! Muerto de vergüenza, me desprendo de mi última prenda. El oficial me observa, sonriente y divertido de mi vergüenza. Yo no puedo más y emprendo veloz carrera hacia las duchas. —Señor, Señor, acaba pronto con esta situación –musito.

Nota: Este microrrelato está recogido en el volumen “Relatos 2” que podéis ver aquí.

Los cuatro libros de Alonso Ibarrola

Los cuatro libros de Alonso Ibarrola

Un día me dije: “Innovarse o morir”. Elegí la innovación, con un contrato de cesión de derechos de explotación digital y así nació mi relación con Tantamount –especializada en ediciones digitales de alta calidad e innovadoras tanto en lengua española como inglesa.

Ahora todos mis libros están a vuestra disposición. Con ellos quisiera provocaros una sonrisa… o varias. Quisiera contagiaros mi pasión viajera. ¿Lo conseguiré? Aquí tenéis mis cuatro libros –reunidos en uno solo- de relatos, breves y concisos, que preludiaban los ahora famosos “microrrelatos” y que me ha valido la consideración de “pionero”, al igual que de las denominadas “rutas culturales”, reflejadas en mis “Viajes para mitómanos” y “Tahiti y sus islas”, un “paraíso terrenal” que jamás olvidaré.

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Presentación del libro “La vida es una palabra muy corta” de Beatriz Alonso Aranzábal

Ashaverus el libidinoso - invitación Granada 16-12-2014

El próximo viernes, 16 de enero, Beatriz Alonso Aranzábal presenta en la “Casa del lector”, en las instalaciones de Matadero Madrid, su libro de microrrelatos “La vida es una palabra muy corta” publicado por la Editorial Nazarí de Granada. Lo presentará el prestigioso escritor Juan Pedro Aparicio.

El libro incluye relatos como el que reproduzco a continuación.

MI ABUELITO TENÍA UN RELOJ DE PARED

Cuando tenía seis años me dijeron que el corazón de mi abuelo se había parado. Mi padre me llevó al pueblo, a su casa vacía, donde un enorme reloj de pared estaba detenido a las siete. Se acercó, y dándole a una pequeña manivela, subió lentamente las pesas. Luego me dijo que empujara el péndulo. El reloj se puso en marcha. Pero mi abuelo no.

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Un enigma que no consigo aclarar

Un enigma que no consigo aclarar En el post que escribí en homenaje al fallecido tenor italiano Carlo Bergonzi terminaba con una alusión un tanto “desafortunada” de un misterioso personaje “que tanto le asustó cuando le mostré la imagen”. Cierto es que daba la clave para entender la alusión en la web (elfantasmadevillaverdi.com), sitio muy visitado, por cierto, pero no era el momento adecuado para recordarlo.

Esa alusión, de todos modos, reflejaba la obsesión, que me persigue a lo largo de estos últimos catorce años, por saber la identidad de ese enigmático personaje que aparece en la imagen obtenida por la fotógrafa Blanca Berlín en Villa Verdi el 31 de octubre de 2000.

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Sonrían, por favor

Sonrían, por favor

Ayer llegué a la conclusión de que ya era hora de que renovara los “relatos” que tengo incluidos en mi web (alonsoibarrola.com) y decidí seleccionar una docena de mis cuatro libros editados en ebook –en papel resultan imposible encontrarlos en su mayoría o se venden caros-. Me ocurrió un hecho muy curioso: no me acordaba de que los hubiera escrito yo. Tanto es así que, a veces, me reía de mí mismo –nunca mejor dicho- cuando lo releía. Para muestra este, titulado “Leones”.

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Dos boinas para dos genios

Milagro en Milán, la unión de Gabo y Za

El post que dediqué a mis admirados Cesare Zavattini y Gabriel García Márquez en este blog el pasado mes de abril, a propósito de las boinas que les regalé en su día, tuvo una referencia el pasado sábado 17 de mayo en el diario italiano “Il Corriere della Sera” que publicó un precioso artículo de la escritora Valentina Fortichiari como se puede ver en la imagen superior y leer en este enlace.

Para quienes queráis saber algo más sobre Zavattini, os invito a visitar en mi página web y entrar en el apartado de bibliografía donde encontraréis “Cesare Zavatinni: medio siglo en mi memoria”.

Recordando mi encuentro con Gabriel García Márquez

Recordando mi encuentro con Gabriel García Márquez

Hace unas horas el mundo se hacía eco del fallecimiento del grandioso escritor colombiano Gabriel García Márquez. Tuve el honor de conocerle el 4 de diciembre del 2002, en la Escuela de Cine Cubana de San Antonio de los Baños, cerca de la Habana. Ese día, allí, se inauguraba la Plaza Zavattini -con motivo del centenario del nacimiento de Cesare Zavattini-, en presencia de alumnos e invitados venidos desde la capital -debajo os dejo una galería fotográfica del encuentro.

Pero antes de llegar a 2002, con vuestro permiso regresaremos a 1959, año en el que entrevistaba a Cesare Zavattini por primera vez. Este encuentro inicial deparó otros contactos personales y de ellos, y del progresivo conocimiento de su obra literaria y a partir de ese momento, concebí un libro antológico que pudiera dar a conocer en nuestro país a un escritor injustamente postergado y minusvalorado.

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